LA PINTURA COMO ANTIAMBIENTE
Joël Mestre / Ximo Aldás

Texto para el catalogo de la exposición de ejercicios realizados en la asignatura Pintura y medios de masas 2009-2010

 

 

En 1969, Marshall McLuhan introducía su libro Contraexplosión señalando la necesidad de crear un antiambiente como el único modo de percibir el que nos domina: Vivimos hoy

inmersos en una atmosfera de información eléctrica, casi tan imperceptible para nosotros como lo es el agua para el pez (1). El escenario o la necesidad al que aludía no sólo

siguen vigentes sino que es aun más necesario.McLuhan llevaba más de una década dándole vueltas a las consecuencias psíquicas y sociales que en nuestras vidas estaban

provocando las nuevas tecnologías y los nuevos medios de comunicación; hoy sus discípulos y exploradores del mismo género, como Derrick de Kerckhove, Lev Manovich,

entre otros, siguen observando cómo los medios nos masajean y alteran nuestra percepción del mundo.

 

Pero ese antiambiente no es tan fácil de crear; el propio McLuhan se esforzó en comprender cuales eran los mecanismos posibles, las estrategias que otros habían seguido,

y parece que encontró en ciertos artistas la actitud transgresora y necesaria para conseguirlo. Se trataba de un modelo de conocimiento integral (entonces antiacadémico),

capaz de combinar conocimientos y percepciones de distinta naturaleza, un proceso del que podía emerger un verdadero sentido del mundo.

 

La actividad frenética de la vanguardia artística europea a comienzos del siglo XX, despejo autores visionarios. La pintura hacía tiempo que se había convertido en un escenario

de acción popular y poética; a través de ella y tras la Revolución industrial se reivindicaría una exploración de la forma pero también su capacidad intelectual en un entorno cada

vez más sofisticado. El propio McLuhan tenía entre sus autores de referencia al pintor y escritor Wyndham Lewis, un artista polifacético, ideólogo y creador, junto a

Ezra Pound del movimiento vorticista británico, una ramificación del cubismo francés y del futurismo italiano, que a pesar de su corta duración y a partir de 1914, fecha de

su primer manifiesto en la Revista Blast, iluminaría décadas más tarde aspectos de la teoría mcluhaniana. Pero también desde el surrealismo y antes que ella, la Pintura

metafísica italiana, de la mano de Giorgio de Chirico o de Alberto Savinio, se nos mostrarían asociaciones imprevisibles y estrategias formales absolutamente reveladoras.

El privilegio de una pintura pensada estaba muy ligado al uso de la memoria, al interés de los contenidos y a la correcta aplicación de procedimientos y de la sintaxis compositiva.

Muchas de aquellas actuaciones han servido de puente para entender la evolución de la pintura hacia esa convivencia con la nueva cultura de los massmedia.

 

Si siempre ha resultado inquietante como la pintura ha transfigurado el conocimiento y la experiencia, aun lo es más como durante este último siglo hemos asumido una

conciliación entre la pintura y los medios de comunicación de masas. El pintor se ha convertido en una especie de analista entre la tradición, la tecnología y la información

mediática. En cualquier caso es esta una convención que se ha establecido como plataforma de estudio y de la que podemos trazar numerosos caminos. La reflexión principal, en

nuestro caso, es destacar la influencia, la interferencia y la contaminación de los massmedia en la práctica pictórica; tanto desde una perspectiva conceptual, como en la

aplicación de procedimientos afines a esta relación o convivencia.

 

Los ejercicios aquí presentados son trabajos en proceso, aparentemente concluidos; pero tienen que ver sobre todo con un modo de entender y practicar la pintura mas como un

medio que como un fin. Se ha rastreado en la memoria intentando no caer bajo ninguna carga nostálgica, para entender como otros pintores resolvieron problemas similares,

desde Paolo Uccello a Robert Rauschenberg y Andy Warhol, de Kurt Schwitters y Marcel Duchamp a Gustave Moreau, de Neo Rauch, Mark Lombardi y Royal Art Lodge al Bosco o

William Hogarth. Hay quien ha explorado en sus inquietudes personales, su naturaleza pictórica dentro de este contexto que abarca desde la música, la literatura, el

cine o los videojuegos; se han puesto en práctica recursos de síntesis heredados del cartelismo, de la gráfica (Serigrafía); se han apropiado, manipulado y han hecho suyas

imágenes y acontecimientos de nuestro entorno virtual; se ha tratado en definitiva de encauzar recursos y emociones con la intención de pensar, comprender y reconstruir la

particular visión de las cosas, en cada uno de ellos.

 

(1) McLuhan, M. Contraexplosión, Buenos Aires, Paidos, 1969