El problema de la vivienda (1995).  Pigmento y látex sobre loneta. 97 x 195 cm. 

VIAJE AL PAÍS DE LA NOCHE PERPETUA
Dis Berlin

Texto incluido en el catálogo de la exposición “El Espectador”. Club Diario Levante de Valencia. 1997

 

Hay artistas que van caminando por el mundo del arte casi de puntillas. Sus pasos apenas se dejan oír entre el babélico trajín artístico. En esta "feria de vanidades" agradecemos encontrar un oasis como al que nos invita Joël Mestre, donde hay nueces y poco ruido.

Para un espectador despistado o poco entregado la mirada puede que no penetre mas allá del brillo distanciador de sus telas, y que la penumbra en la que transcurren sus historias sea poco acogedora.

Lo mejor para sumergirse en su mundo es disponerse, con la mente lo más en blanco posible, a viajar a lo desconocido, apretándose bien los cinturones. De nada nos servirá nuestro equipaje: no busquemos aquí, ni sentimientos, ni historias reconocibles. Así dispuestos, el reactor creativo tripulado por Joël Mestre nos llevará directos a las profundidades.

Aún puedo recordar el asombro de mis primeros pasos por su mundo. La atmósfera era densa, cargada de un misterio mentolado que calaba hondo. Recuerdo también a un pequeño personaje con sombrero, de aspecto simpático pero inquietante, reservado y seguro de sí mismo.

Aquellas noches te hacían echar de menos algo con lo que abrigarte pues permanecíamos quietos y callados para no alterar aquel Reino del Silencio.

Aún cuando sabe mirar el mundo, como lo demuestra la sutil mirada de sus fotografías, los estímulos le vienen sobre todo de las imágenes en circulación que va almacenando en su banco de datos y de sus eclécticas lecturas compañeras de trabajo: " Son esas lecturas sobre las que comienzo a ver las primeras imágenes de un cuadro, a veces por continuidad a las palabras y otras por reacción a ellas. No han sido pocas las veces que he encontrado en un lenguaje sobrio, el estímulo y la solución de un nuevo cuadro".

Bajo la apariencia de una extrema coherencia en la factura y el color, Mestre busca siempre poner en juego, con fina ironía, lenguajes diferentes: lo poético y lo prosaico, lo real y lo virtual... por ejemplo, sobre escenas herméticas donde el tiempo parece detenido, aparece en primer plano un reloj electrónico que las impregna con su brillo ácido y artificial.

Este juego de contrarios se nos muestra más a las claras en cuadros como Euroescépticos (1994). Los títulos pueden servir, así mismo, para darle la vuelta a la apariencia idílica de una imagen y cuadros como El problema de la vivienda (1995), nos lo muestran como un maestro en paradojas.

Aún cuando nos bastaría con el poderío de sus imágenes, Joël Mestre nos reclama una vocación de pintor de contenidos.  Lejanos los tiempos de una pintura alegórica y de resonancias simbólicas, el artista de hoy suele quemarse los dedos cuando manipula "mensajes", por suerte para sus admiradores, Mestre ha salido bien parado de las pruebas a las que ha sido sometido, demostrando que sabe jugar con fuego sin chamuscarse el bigote.

Los mayores riesgos los ha corrido con su última producción centrada en un tema monográfico: El Espectador.

Ante una temática tan genérica como resbaladiza Mestre ha atado un cabo a la barca antes de meterse en profundidades. Los personajes protagonistas, los hemos visto antes en cualquier rótulo o señalización de los espacios públicos. Trasladados al mundo de Joël Mestre han mutado de seres minimalistas a metafísicos.

Como esta exposición parece estar hecha para hacernos pensar me permitiré alguna divagación: ¿Por qué la imaginación está cada vez más ausente y casi marginada de la creación artística? Lo que en literatura, en cine o en otras artes se toma como un valor o un ingrediente fundamental, es sin embargo, subvalorado o ignorado por muchos de los que componen el mundillo artístico.

La respuesta está quizás en el mundo que vivimos; avasallados por un exceso de información, ocupados en una supervivencia estresada, privados del mayor de los tesoros, LA TRANQUILIDAD.

La contaminación audiovisual no nos deja respirar el aire de una inspiración en estado puro. No queda espacio en nuestra mente para despertar de nuestras almas adormecidas la poesía de lo desconocido.

Vivimos en un mundo donde ya nada es lejano. Por ejemplo, China evocará en un primer momento la masacre de la plaza de Tiananmen, los restaurantes o las tiendas de "todo a cien", y no al misterio que encerraba cuando aún era "el gigante desconocido". La comparación es todavía más triste si intentamos imaginar la magia que podía despertar la China para un artista del rococó francés.

A medida que tenemos más información el mundo se va haciendo más pequeño y prosaico; prueba de ello es que hasta el lejano país de Joël Mestre ha llegado la invasión de códigos, signos, rótulos electrónicos, periódicos, etc... Así cuando Narciso regresa a la aldea, su mente está tan saturada que ha perdido su propia identidad.

Para quienes por única utopía tenemos "el retorno al Paraíso", el mensaje de Joël Mestre es pesimista. El rumbo que ha tomado la humanidad nos arrastra inevitablemente; nadar contracorriente agotaría nuestras fuerzas, pero siempre nos quedará sumergirnos debajo de la corriente, bucear en busca de la Arcadia que duerme dentro de nosotros mismos.

Dis Berlín. Aranjuez (Madrid) - Junio 1997