THE MOTHER NATURE'S SON (SITTING SINGING SONGS FOR EVERYONE)

Roberto Mollá

 Texto para el catálogo de la exposición De la ubre en la urbe de Joël Mestre en la Galeria Tretze de Castellón de la Plana (Enero,1992)

 

 

 

Desde la urbe se siente la nostalgia ganadera de la ubre. Nostalgia Milka de ser los hijos gemelos de Marte, nietos del Rey Numítor, amamantado, no ya por loba, mejor aún, por una gigantesca vaca blanca y violeta a orillas del lago Leman.

Tentados por la locura a huir de la razón, que es precisamente lo que enloquece, queremos resbalar por la arista del envoltorio de una tableta de chocolate, hasta caer lejos del orden racional del Super Mercado, en el macizo de Jungfrau, donde tomándonos una pausa, inevitablemente lila, poder tocar el «cuerno alpino» y cantar «Edelweis edelweis» con la familia Trapp.

 

Plegados en un tonel, queremos resbalar por las cataratas del Niágara, y ante el pavor del millones de «honaymooners» convertirnos en vapor, en nube, y navegar sobre todas las banderas de un mapa; y convirtiéndonos en lluvia derramarnos sobre un bosque tropical o uno boreal, sobre la tundra helada o, lloviendo al revés, sobre la luna, y del mismo modo que hiciera Amstrong (Neil no Louis), plantar una bandera como señal de nuestro paso por esa página del Atlas, y así cerrarlo y devolverlo a su lugar en la estantería, entre las recetas de cocina y el vídeo de Marylin.

 

El pintor de la urbe y en la urbe, pinta ubres, árboles y nubes, banderas y cataratas, africanos, paraguayos y franceses, bull-terriers y cigüeñas, gana­deros y cazadores, y vacas y vacas. No pinta del natural. En los libros y la televisión esta todo y no hay nada nuevo bajo el neón. En el primer canal, Heidi, Pedro y la Donna Inmobile, recogen margaritas cerca de la casa del Viejo de la Montaña; y en el segundo; Martínez Soria llega a Madrid con un jamón.

 

Y el pintor en la Modelo, amputado de su raíz y huérfano de su ubre, pero Rey del Mundo, deja a un lado el aerógrafo y frente al televisor se toma una pausa, lila.