33
días
en
China
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Hong Kong Cantsn Kunming Dali Lijiang Chengdu Valle de Jiuzhaigou Lanzhou Dunhuang Jiayuguan Labulengsi Datong Hohhot Beijing

por José Quiles y Paula Ruiz



       Lo que sigue es un relato de un viaje a China que emprendimos en Julio - Agosto de 2000 por este legendario país a través de una parte menos conocida: el Oeste. Ya habíamos viajado en 1986 por la ruta más conocida Beijing - Xian - Chongqing - río Yangtse - Guilin - Shanghai; y ahora queríamos adentrarnos en la ruta de la seda hacia el oeste. Entramos por Hong Kong para seguir por Guangzhou, Kunming, Dali, Lijiang, Chengdu, Lanzhou, Dunhuang, Hohhot, Datong y Beijing.
   Fuimos los dos solos, sin ninguna organización que nos guiara durante el viaje. Nos ha sido de inestimable ayuda la guía de China de Pedro Ceinos (Miraguano Ediciones); sus anotaciones en lengua china eran el único medio que teníamos para pedir comida o para subir a un taxi. Este relato es un resumen del viaje y puede ser de ayuda a otros viajeros. Viajar por libre tiene ventajas e inconvenientes. Ventajas: te impregnas más del país que visitas, no has de aguantar discrepancia de pareceres con otras personas y cuesta casi la tercera parte de precio. Inconvenientes: empleas más tiempo y hay que hacer muchas cavilaciones para que todo salga bien. Que cada uno elija lo que le conviene.
    El viaje es difícil principalmente por el idioma, porque los lugares que visitamos son bastante remotos en un país de grandes dimensiones, y porque el oeste está más atrasado. Alguna provincia china es tan grande como España, lo que significa que ir de la provincia de Sichuan a la de Gansu, por ejemplo, es similar a viajar entre países de Europa. Quienes viajen por el este, no tendrán tantas dificultades, pues Shanghai, Hong Kong o Beijing están muy modernizados y cuentan con buenas infraestructuras.



 

Día 1. Valencia - Milán - Hong Kong.
    Desde Valencia (España), salimos en vuelo de Alitalia hacia Milán, y tras dar una vuelta de unas horas por esta ciudad, nos embarcamos a las 10 de la noche en el vuelo hacia Hong Kong. El vuelo dura unas 11 horas, así que llegamos como a las 4 de la tarde del día siguiente. Así vimos la primera atracción del viaje: el impresionante aeropuerto de Chek Lap Kok, inaugurado en 1999, dispone de una línea de tren suburbano interior desde las puertas de llegada hasta la recogida de equipajes. Cogimos un taxi y llegamos al hotel BP International House, que habíamos reservado por internet. Es un hotel estupendo en el barrio de Kowloon con metro cerca y nos cuesta unos 55 Eur. Todos los hoteles de Hong Kong son carísimos, así que este nos parece una ganga. Cansados de tantas horas de avión, damos por terminada la jornada con unas impresionantes vistas de la bahía desde la habitación.
 

Día 2, 3 y 4. Hong Kong.
Hong Kong    Al despertar, recordamos un detalle del anterior viaje a China: en China no se toma café, y es muy raro encontrar incluso en los hoteles buenos. Como ya lo sabíamos, abrimos nuestros sobres de Nescafé, y como en todas las habitaciones hay termo para el té, solucionado. Después fuimos a una agencia de viajes a recoger los billetes de avión de Guangzhou a Kunming que habíamos reservado por internet. En la agencia nos estaban esperando con los billetes listos, así que ya teníamos billetes de avión. Los billetes de avión en China son caros, y este trayecto, que es de hora y media de vuelo, cuesta unos 135 Eur.  Con los billetes, comenzamos nuestra visita a Hong Kong. Atravesamos la bahía en un ferry y llegamos al distrito Central. Lo más impresionante de la ciudad son los rascacielos y el ambiente de lujo y dinero que lo invade todo. Tiendas de ropa de lujo con los nombres de más glamour en Europa. La gente usa el móvil por la calle mucho más que en Europa. Pese a que las guías dicen que es el paraíso de las compras, y efectivamente, hay de todo, lo encontramos todo muy caro. Visitamos los edificios más emblemáticos de la ciudad, subimos al Pico, donde se aprecia toda la bahía, el barrio de pescadores de Aberdeen, subimos al metro que atraviesa la bahía por debajo del mar, etc. El calor es agobiante y la entrada a un gran Banco o a un complejo comercial supone todo un alivio de aire acondicionado.
 

Día 5. Guangzhou.
    Temprano, salimos en autobús hacia Guangzhou (Cantón) y pasamos la aduana que sigue existiendo. Hong Kong es, exceptuando representación exterior y ejército, un país independiente con moneda propia y frontera con el resto de China. Guangzhou es más calurosa si cabe que Hong Kong, y la ciudad es monstruosa, con autopistas elevadas que la recorren e impiden la respiración. Sin embargo, lo más original de Cantón son sus restaurantes. La comida cantonesa es la más prestigiosa de China, y sus platos los más elaborados. En todos los restaurantes, incluso en los económicos, hay a la entrada multitud de peceras de agua con todo tipo de animales: tortugas, serpientes, ranas, escorpiones, ciertos insectos de aguas dulces... El espectáculo de los restaurantes, aunque no te atrevas a probar ciertos platos raros, es lo que más recuerdo de Cantón, por encima de sus mezquitas o templos.
 

 Día 6. Vuelo a Kunming.
    Tras pasar la mañana visitando los sitios que recomiendan las guías, cogimos por la tarde el avión de China Southern. La llegada a Kunming (capital de la provincia de Yunnan) fue un chorro de aire fresco en nuestras mejillas, ya que la ciudad tiene un clima agradable todo el año. Llegamos al hotel Huacheng que habíamos reservado desde Cantón. A lo largo del viaje descubrimos las ventajas de reservar desde el hotel, el hotel siguiente: la recepcionista del hotel habla en chino y nosotros no. El precio de los hoteles va bajando considerablemente conforme nos alejamos de Hong Kong: éste cuesta 30 Eur y es caro, aunque está muy bien.
   Nos vamos a la estación de tren a comprar los billetes para Shilin, el bosque de piedra, una de las principales atracciones de esta ciudad. Nos vamos percatando de las dificultades que se nos avecinan. Nadie entiende nuestros caracteres latinos, hay que señalárselos en chino. Tras casi una hora de averiguaciones, encontramos la ventanilla donde venden los billetes y a qué hora de la mañana siguiente salen.
 

ShilinDía 7. Bosque de piedra.
    A las 8:30 salimos hacia Shilin. El viaje dura unas 3 horas y el lugar es impresionante. Es un "bosque" de rocas de caliza desgastadas por el agua, que han configurado un paisaje kárstico único en el mundo. Además de la atracción del lugar, nos impresiona mucho la cantidad de turistas chinos que lo invade todo: van en grupos de unos 20 dirigidos por una guía con una banderita y un megáfono. Se visten con los trajes típicos de la región para hacerse fotos. Hay que subir y bajar por todos los angostos pasillos que dejan las rocas, pero la temperatura es agradable. Por la tarde regreso a Kunming y averiguaciones. Tenemos que sacar los billetes de autobús hacia Dali.
    En el hotel vemos la televisión china: son infinidad de canales con telenovelas de princesas medievales, dramas rurales, anuncios de gel de baño, karatekas arreándose castañas, telediarios...
 

Centro de KunmingDía 8. Kunming.
     Dedicamos el día a pasear por esta agradable ciudad, donde todas las tardes llueve algo, a recorrer algunos de sus templos y sus grandes almacenes. Es la capital de la provincia de Yunnan (394.000 km2 y 40 millones de habitantes) que fue refugio de las fuerzas nacionalistas chinas durante el avance japonés en la II Guerra Mundial. Hoy es una ciudad modernizada sin nada de casco antiguo. Destaca el parque Cuihu y el monasterio Yuantong. Notamos que estamos en una región de China bastante rica con mucha gente con ropa último modelo y muchos móviles. No reconocemos nada de nuestro anterior viaje en 1986.
    La estructura social ha cambiado mucho. Además de los millonarios, cuyo número, lógicamente es reducido, ha aparecido una numerosa clase media (algo que economistas y sociólogos saben lo que significa y que diferencia a China de otros países en vías de desarrollo de su entorno): su presencia es patente sobre todo en las grandes ciudades y en los lugares turísticos. Llegan holgadamente a fin de mes y se pueden permitir un viaje de 10 días por la otra punta del país. No obstante, China sigue siendo un país en vías de desarrollo, aunque al ritmo actual, y si no se tuercen las cosas, puede dejar de serlo mucho antes de lo que podemos imaginar.
    Nos vamos a comer al restaurante de los tallarines que cruzan el puente donde sirven el conocido plato del mismo nombre (guoqiao mian). El plato se sirve con mucha ceremonia y es una sopa caliente donde viertes los tallarines con muchos ingredientes: setas, cordero, col, huevo, etc.
 

Tres pagodas de DaliDía 9 y 10. Dali.
     Temprano cogemos el autobús hacia Dali. El trayecto de unas 4,5 horas, es muy cómodo y se hace en gran parte por autopista de peaje. Llegamos al Dali nuevo, que está a unos km del viejo Dali. Nos alojamos en el MCA Guesthouse que habíamos reservado desde Kunming; está a unos metros de la puerta sur de la muralla, es muy barato (12 euros), y parece el destino de todos los mochileros. Tiene de todo (restaurante, excursiones, internet...).
Lago Erhai
   La ciudad está amurallada y durante muchos siglos fue capital de Yunnan. Hoy está poblada por la minoría étnica de los Bai. Está situada en la cuenca del río Mekong, rodeada de montañas y bañada por el lago Erhai. Es un sitio ideal para descansar y recorrer los alrededores. Es una lástima que viajeros como nosotros, con poco tiempo, no estemos más tiempo, pero hay que elegir entre abarcar mucha distancia o recorrer detenidamente las cosas. La ciudad ha sido restaurada, y sus bajos comerciales son puestos turísticos. Es muy agradable pasear, visitamos las Tres Pagodas y nos apuntamos a una excursión de unas horas a un pueblo a la orilla del lago donde habitan algunas minorías étnicas. Vamos en un barco que atraviesa el lago y en el pueblo es día de mercado, y los puestos de hortalizas, animales, junto con los vestidos típicos de los habitantes dan a todo el conjunto un gran colorido. Hay más atraso que en la gran ciudad, pero no se ve pobreza ni mucho menos miseria. La tarde la dedicamos a recorrer los puestos de venta, donde se puede encontrar de todo. Da la impresión que han restaurado la ciudad para montar puestos de venta turísticos, y que el Dali antiguo sobrevive porque hay turistas que lo alimentan.
 

Día 11 y 12. Lijiang.
Lijiang    Salimos en autobús de 3 horas y llegamos a Lijiang, que es más bonita aún que Dali. Está declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y ha resistido un terremoto en 1996. La ciudad y alrededores está habitada por los Naxi y conserva sus casas antiguas y el empedrado del suelo. Sus calles están recorridas por canales por donde desciende el agua de la montaña de nieve del Dragón de Jade. Otra vez encontramos una ciudad inundada por miles y miles de turistas chinos. Ni en Roma hay tanta cantidad de turistas que llegan a veces a bloquear el paso por la calle.
    Recorrer la ciudad es un placer para la vista; los niños juegan en los canales, gentes de toda China recorren sus calles, hay música por la noche, las construcciones guardan un equilibrio arquitectónico perfecto. Nos detenemos en el teatro de la orquesta de música de Dong Jing, una de las mayores atracciones de Lijiang. Es muy conocida en China (Jiang Zemin ha tocado con ellos). La orquesta está compuesta por ancianos miembros Naxi, y actúan con instrumentos musicales propios.
Lijiang    Nos alojamos en el Ancient Town Inn, un edificio tradicional precioso, con un patio interior muy decorado, y con unas habitaciones con todas las comodidades. Nuestra gastronomía va mejorando día a día; los primeros días eramos muy torpes para pedir comida, pero ahora ya casi comemos de todo: hemos descubierto los raviolis chinos (jiaozi), deliciosos, y ya sabemos pedir incluso unas setas propias de la región. Sin duda es cierto lo que dicen las guías de viaje: se trata de la gastronomía mejor del mundo. Los chinos están obsesionados con la comida y han creado una cocina sin igual en el mundo en cuanto a elaboración, variedad y gusto.
    En relación con la comida, hemos notado que en los restaurantes los chinos piden inmensas cantidades de comida, mucho más de lo que se pueden comer. Es habitual ver una mesa con unos diez comensales con 20 platos diferentes muy elaborados y que se quedan sin acabar cuando se marchan. Da mucha pena ver al camarero venir con varios cubos a limpiar la mesa y como, pato, pescado, pollo, etc., van llenando los cubos de basura. Hemos comentado este hecho con algunos chinos, explicándoles que en occidente la gente suele pedir lo que se va a comer, y lo atribuyen a la fanfarronería. Más tarde, en Mongolia Interior y Beijing, observamos en cambio, que la gente se lleva las sobras en bolsas de plástico.
    Por los alrededores, visitamos el lamaserío de Yu Feng, cuya atracción principal no son los lamas, sino el árbol de Camelia de más de 500 años, que en primavera produce más de 10.000 flores y Baisha con sus templos y sus frescos y donde nos encontramos con el famoso Dr. Ho Shi Xiu, que sale a tu encuentro explicándote sus remedios para todo tipo de enfermedades.
 

Día 13. Panzhihua.
    Por la mañana, temprano cogemos el autobús hacia el nudo ferroviario de Panzhihua, donde debemos de coger el tren nocturno hacia Chengdu. Al subir al autobús, pronto descubrimos que hemos entrado en otra China más atrasada. El autobús nada tiene que ver con los otros dos anteriores. Como hemos sacado billete el día antes, tenemos asiento, pero otras personas van de pie o mal sentadas. El equipaje va arriba en el techo, y hay que subir personalmente las mochilas. El bajo precio del billete, explica las incomodidades y la falta de limpieza: se fuma descaradamente dentro, puedes arrojar la piel de la fruta directamente al suelo, etc. El viaje promete ser duro, pues además la carretera, muy angosta, es de curvas, y el trayecto son 9 horas. El menú se compone de huevos duros, cacahuetes y plátanos comprados por la ventanilla. Así, bastante hartos llegamos directamente a la estación, donde hay que hacer cola para sacar los billetes. Es imposible conseguir cama blanda, (en los trenes, hay tres tipos de billetes: sentado, cama dura -que viene ha ser como las literas en España, solo que sin puerta-, y cama blanda -compartimentos cerrados-). Con la ayuda de un chino, conseguimos hacernos entender, y nos dan cama dura. Sacar billetes de tren va a ser la pesadilla del viaje: cuando te toca el turno, suele atenderte una señora que no hace el menor esfuerzo por entenderte, y como le des que hablar, te despacha y que pase el siguiente. Sin embargo, misteriosamente, siempre aparece un chino de la cola que se ofrece a ayudarte; es como tu ángel de la guarda, que se va relevando de una ciudad a otra. El tren sale sobre las 19:30, y antes de subir al tren nos comemos un sabroso plato de noodles con pollo superpicantes cerca de la estación. El tren es bastante confortable, limpio, y sobre todo puntual y llegamos a la mañana siguiente a Chengdu sobre las 10.
 

ChengduDía 14. Chengdu.
    Chengdu es la capital de la provincia de Sichuan (460.000 km2 y 85 millones de habitantes) y es uno de los lugares esenciales de la gastronomía china. La modernización ya ha llegado, pero a un ritmo menor que en el resto del país.
    Nada más llegar, nos dirigimos al hotel Jiaotong, un hotel muy barato (menos de 20 Eur), pero bastante normal y céntrico. Tiene de todo para el viajero (cambio, agencias de viaje, internet, café...) y parece la puerta de entrada al Tibet, pues está lleno de mochileros que se dirigen hacia allí. Nada más coger habitación, hacemos las averiguaciones para el siguiente destino. En principio, queríamos dirigirnos hacia el valle de Jiuzhaigou (norte de la provincia de Sichuan) y desde allí a Xiahe (sur de la provincia de Gansu), pero nos dicen que la combinación es muy dificultosa: las carreteras son muy malas y hay que enlazar como 4 autobuses; que no hay más remedio que volver a Chengdu, y movernos entre capitales y luego a Xiahe. Entonces, optamos por apuntarnos a una excursión organizada de 3 noches al valle de Jiuzhaigou. La excursión no es cara (100 euros todo incluido) y en realidad es de dos días, pues se tarda uno en llegar y uno en volver.
    Tras apuntarnos a la excursión paseamos al centro de Chengdu. Una densa niebla tapa totalmente la ciudad, aunque más que niebla es vapor, pues el calor húmedo es insoportable. Pasamos por delante de la enorme estatua de Mao, entramos en unos grandes almacenes, y descubrimos accidentalmente un Chengdu subterráneo: más de un kilómetro de calle subterránea con aire acondicionado lleno de tiendas, cines, restaurantes, prostíbulos... La gente hace vida social ahí abajo para huir del calor.
 

Día 15, 16 y 17. Valle de Jiuzhaigou.

     

Salimos por la mañana en la excursión organizada, y descubrimos que somos los únicos occidentales del grupo. La excursión consta de unos 20 chinos y nosotros. Más aún: ni el guía habla inglés. Notamos que conforme va avanzando el viaje y nos vamos alejando de las zonas más ricas, la gente que habla inglés es cada vez menor. La disminución es directamente proporcional al gasto diario: si en Hong Kong, comer costaba alrededor de 6 euros, aquí cuesta menos de 2.
Huanglong    Tras 9 horas de viaje parando a comer y visitando un templo tibetano, llegamos a Songpan; un pueblo con población tibetana donde nos alojan en un hotelito rudimentario. La comida con los compañeros del autobús es muy agradable, pues nos permite comer de muchos platos diferentes en las típicas mesas que ruedan: carpa, tufú, espinacas rehogadas, berenjenas, cerdo con setas y bambú, cordero... No nos podemos entender con ellos por culpa del idioma, y a base de mímica y de algunas palabras en chino, hacemos algo de "conversación": cuántos años tenemos, en qué trabajamos, si nos gusta la comida...
    Al día siguiente entramos en el parque de Jiuzhaigou, donde hay que coger un autobús que recorre el parque y va parando en las principales atracciones. Se trata de un paisaje alpino, con infinidad de lagos de color turquesa con el agua limpísima; tanto, que se ve el fondo a muchos metros de profundidad. Está llenísimo de turistas chinos en una cantidad difícil de cuantificar, pero que no habíamos visto hasta llegar hasta aquí. Nos separamos del grupo y vamos cogiendo el autobús para ir a un lago o a otro. A la noche regreso al pueblo, lavar ropa, cenar y a la cama.
    A la mañana siguiente nos vamos hacia Huanglong por una carretera en construcción y el viaje es infernal. Huanglong es un paisaje formado por piscinas de agua cristalina de diversos colores. Es como Pamukale, en Turquía, pero de colores. La subida es agotadora, pues estamos a 3400 m, y vemos que los chinos suben con bolsas de oxígeno. En la excursión nos llevan a una tienda donde venden productos medicinales. Después de darte una charla (en chino) sobre las bondades de cada planta o sustancia, entramos en una especie de supermercado donde se puede encontrar de todo: raíces, hongos, hierbas... Es impresionante la variedad de cosas (todas desconocidas para nosotros) que se pueden encontrar en esta farmacia. En el local hay unos médicos con bata blanca que te atienden si lo deseas: después de leerte las rayas de la mano, mirarte las uñas, etc., te explican que problema padeces o puedes padecer y te recetan el producto y la dosis que necesitas.
 

Día 18 y 19. Chengdu. Tren a Lanzhou.
    Terminada la excursión a Jiuzhaigou, regresamos al hotel Jiaotong en Chengdu, lo que nos parece regresar a casa. Es una pena que no se pueda enlazar el mismo día con un tren a Lanzhou, pues éste ha salido 2 horas antes de la llegada. Así que nos toca pasar casi un día en Chengdu. Lo aprovechamos para visitar cosas y comer bien. Nos vamos al mejor restaurante de Chengdu, el restaurante Chengdu, con capacidad para 1300 personas, 70 cocineros y 1000 platos diferentes. Pedimos Zhang cha yazi (pato ahumado con alcanforero y té) y arroz crujiente con cerdo y setas (guoba roupian). El pato está delicioso, y la piel se puede comer, pues no está nada grasa. El arroz crujiente lo sirven como si fuera una costra de arroz sobre la que se vierte la salsa hirviendo.
    Finalmente nos vamos a la estación, donde descubrimos que los billetes de cama blanda, no son tales, sino de cama dura. El tren está muy sucio y en la litera de abajo hay de todo: melones, meadas de niño, etc. Conseguimos cambiar solo una cama, y uno de los dos se va al confort.
 

Día 20. Día de tren.
    El viaje de 26 horas se nos hace más corto de lo que creíamos pues hacemos "conversación" con algunos pasajeros, a quienes les explicamos que somos de Shipaniá, a lo que nos responden, los que saben dónde está, que very nice. Algunos pasajeros están incluso excitados con nuestra presencia y nos hacen fotos en todas las posturas. Es una gente encantadora, que ha vivido muchos años, incluso siglos, aislada del mundo y ahora le está llegando todo de golpe. Son tremendamente curiosos, y nos observan todos los detalles: como escribimos en nuestro alfabeto, desconocido para ellos, hojean nuestras guías viendo las imágenes que se tiene de China en el exterior y nos preguntan que edad tenemos y cuántos hijos tenemos. Y así, "charlando" y recorriendo el tren entre la cama blanda y la dura se nos pasa el día.
    Llegamos a Lanzhou y nos dirigimos al hotel Dizhi, que habíamos reservado. El hotel es de lo más raro. No pone HOTEL en ninguna parte, solo hay pancartas rojas, fotos de personalidades y símbolos relacionados con la minería. Adivinamos un lugar que se diría que es una recepción, y efectivamente es un hotel. Nos dan una habitación estupenda, con salón y todo, por 20 euros. Son muy amables con nosotros y les explicamos que queremos sacar billetes de avión hacia Dunhuang para el día siguiente, pero como no saben inglés, nos ponen en contacto con unos hindúes que están de huéspedes en una habitación. Así conseguimos entendernos, y a la mañana siguiente tenemos los billetes en nuestra habitación.
 

Día 21 y 22. Dunhuang.
  Tras pasear por Lanzhou, ciudad sin demasiado atractivo, pero paso obligado para ir al oeste, y llegar a uno de sus puentes que cruza el río Amarillo, nos dirigimos al aeropuerto para tomar el avión a Dunhuang. Antes hemos de asegurarnos las conexiones para cuando volvamos: lo más chocante es que nos obligan a hacernos un seguro de viaje si queremos ir en autobús a Xiahe. Todos los extranjeros están obligados a hacerse un seguro si quieren ir a esa ciudad. El asunto nos llena de intranquilidad y preguntamos qué pasa en esa carretera. Por lo visto, nada especial; el argumento dado es que el billete es muy barato y no incluye seguro.
    Por la tarde avión pequeño de China Northwest y tempestad de arena durante el despegue. En Dunhuang nos alojamos en uno de los muchos hoteles Dunhuang (todos con el mismo nombre). La ciudad está rodeada de desierto y era en el pasado paso obligado en la ruta de la seda. Alberga una de las mayores grutas budistas de China: las grutas de Mogao, declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO. La ciudad no está nada atrasada económicamente, parece que el turismo ha inyectado mucho dinero y los restaurantes y calles comerciales están a rebosar.
    Al día siguiente cogemos el autobús hacia las grutas. Éstas son impresionantes. Hay 492 grutas en buen estado con 2500 esculturas a lo largo de un acantilado de 50 m de altura y kilómetro y medio de longitud. Se empezaron a construir el siglo IV, y durante mil años se le añadieron pinturas y esculturas. Destacan la gruta 96 con un gran Buda de madera de 33 m de altura, la 130 con otro gran Buda y la 148 con un Buda dormido. Fueron descubiertas en 1900 y sufrieron el saqueo de aventureros occidentales. Este hecho no ha sido olvidado por los chinos, y en la actualidad está prohibido hacer fotos y la mayoría de las grutas están cerradas. Este hecho es lo más lamentable de la visita, pues te marchas con la sensación de no haber visto más que una pequeña parte. Además la visita dura tres horas fijas acompañados por guía, si quieres coger el autobús de vuelta.
    En la ciudad de Dunhuang, aparte de la visita a las grutas, no hay nada que hacer, así que aprovechamos la tarde para descansar, lavar ropa y cenar un pato laqueado.
 

Día 23. Jiayuguan.
    Por la mañana nos subimos al autobús para Jiayuguan creyendo que iban a ser 6 confortables horas. Resultó ser un autobús cama. Al principio nos hizo gracia, pero pronto descubrimos que era un inconveniente. No te puedes sentar, tienes que ir acostado aunque no te apetezca, y lo peor: el autobús para en todas partes y colocan gente de cualquier manera, 3, 4, y más personas en una cama de 2. Nos tememos lo peor, que nos amontonen gente con nosotros, pero felizmente no llega a ocurrir. En la parte trasera del autobús se ha formado una especie de cama redonda donde es casi imposible contar cuantos van. El viaje dura 9 horas por una carretera semidesértica y se nos hace interminable. No para de subir gente con melones y nos hacemos amigos de unos monjes tibetanos que están de peregrinación y que nos regalan un reproductor de música por el que se escuchan los cantos de su congregación. A la llegada, nos alojamos en el hotel Changcheng.
    Por la mañana, lo primero es sacar billetes de tren para Lanzhou, y tras conseguir por primera vez cama blanda en la taquilla de la estación, nos vamos a la gran muralla. En Jiayuguan termina la gran muralla por el oeste, y en el pasado era lo primero que veían de China los viajeros que llegaban de Occidente. Hay una fortaleza con tres murallas alrededor. Tras la visita a la fortaleza, nos subimos al tren nocturno hacia Lanzhou.
 

Billete de trenDía 24 y 25. Tren y Lanzhou.
    Llegamos a Lanzhou a buena hora y nos dirigimos inmediatamente a la estación de autobuses para intentar coger el autobús de Xiahe. Desgraciadamente, éste ya ha salido y no hay más hasta mañana. Día perdido en Lanzhou. Es muy difícil hacer malabarismos de este tipo en un país tan grande en el que todos los desplazamientos duran tantas horas. Nos recorremos Lanzhou en su zona comercial comprobando lo bien surtidos que están los grandes almacenes; no falta de nada pese a tratarse de una capital remota del Oeste. Dormimos en el ya conocido hotel Dizhi, donde ya nos conocen y se deshacen con nosotros en amabilidades, sacándonos los billetes de tren hacia Hohhot para 3 días después en que volveremos a esta ciudad.
 

Día 26 y 27. Monasterio de Labulengsi.
Monasterio de Labulengsi    Por las mañana, autobús para Xiahe. Había malos presagios sobre este viaje. Nos habían asustado con lo del seguro de viaje de 8 horas (272 km). Sin embargo no hubo nada de nada: carretera de peligrosidad normal y encima nos regalan 3 horas. El autobús es civilizado con todos los asientos ocupados y no sube ni baja nadie, así que el viaje se queda en 5 horas. El camino es muy agradable con pueblos musulmanes, donde las mujeres van semitapadas, y pueblos tibetanos. Nos acercamos al Tibet y estamos subiendo. Eso sí, no hemos comentado hasta ahora como conducen. Aplican sistemáticamente la regla de los 3 vehículos, adelantando en curvas o aunque venga uno de cara, haciendo sonar el claxon a toda hora.
    Nos alojamos en el hotel Jinlun (el que habíamos reservado no existe, pues la recepcionista del hotel de Jiayuguan ha confundido Xiahe con Xian y tenemos reserva en Xian!) y como hemos llegado temprano aún podemos ir al monasterio de Labulengsi, que es el motivo de visitar esta ciudad. Se trata de un monasterio de la secta de los Sombreros Amarillos con la biblioteca más completa sobre el Tibet, con más de 20000 volúmenes. En realidad es una ciudad, con sus calles y sus más de 200 casas habitadas por unos 2000 monjes. Hay debates diarios, teniendo la suerte de presenciar uno. No llegamos a saber de qué se trataba. Se reunieron en el templo principal los monjes más importantes y se pasaron como 2 horas discutiendo como si fuera una subasta. El que hacía de "obispo" lucía una preciosa cresta amarilla de gran vistosidad. Mientras tanto, otros monjes entraban té y arroz en el templo mientras las discusiones seguían. El conjunto era de lo más raro que hemos visto en varios años: parecía de otra época. Finalmente, terminó la asamblea, salieron al patio del templo y comenzaron a repartirse unos enormes fardos de té, llevándoselos cada uno a su casa.
Monasterio de Labulengsi    La zona es muy pobre. Es el único sitio de China donde hemos visto miseria: niños mal nutridos y personas en un estado lamentable. Está habitada por distintas etnias tibetanas, y coexisten con musulmanes, pudiendo ver en una zona pequeña los tres alfabetos: chino, tibetano y árabe.
    Dedicamos el día y medio de estancia a recorrernos las callejuelas del monasterio, observando a los monjes en sus quehaceres y viendo las gentes que bajan de las montañas a visitar los templos, donde dan vueltas a su alrededor.
 
 
 
 
 

Monasterio de Labulengsi Mujer tibetana

Día 28. Xiahe - Lanzhou - Hohhot.
    Autobús de vuelta a Lanzhou mucho peor que el de ida. Llegada a Lanzhou, y está vez si conseguimos enlazar con el tren que sale a las 7 de la tarde. Nos esperan 20 horas de viaje. Hay cama blanda y compartimos el departamento con dos señores muy curiosos que nos preguntan por todo: que cuánto nos cuesta el viaje, qué les costaría a ellos viajar por España, etc.
 

Día 29 y 30. Hohhot.
    Capital de Mongolia Interior (1.183.000 km2 y 23 millones de habitantes) es una ciudad económicamente más desarrollada que Lanzhou, y es donde uno esperaría encontrarse con los mongoles. Efectivamente los encontramos, pero van vestidos como nosotros y llevan móvil. Hay veces que te creas una imagen en la infancia, como en el caso de Mongolia, y te imaginas que es un lugar con caballos, gentes nómadas, etc. y descubres al llegar allí que el progreso es para todos.
    La estación de Hohhot es muy bonita, y la ciudad está muy organizada sin los típicos reventones en el suelo. Nos encontramos con el alfabeto mongol, que coexiste con el chino en muchos lugares. La guía de viaje nos recomienda que visitemos el centro histórico y que paseemos por sus callejuelas. La verdad es que queda muy poco, y lo poco que queda esta en ruinas al mismo tiempo que se observa el avance de los edificios modernos. Bueno, en esta ciudad es obligatorio ir a comer el típico caldero mongol, así que nos metimos en el restaurante Malaqin. Se trata de un caldero con agua hirviendo en el que vas echando puerros, cordero en finas cortadas que se comen con una salsa.
    Por la tarde nos subimos al tren para Datong, que como era un trayecto corto (4 horas) lo hicimos sentados. La subida al tren fue de película de miedo: ni en África presenciamos las carreras y lo empujones para subir. El tren se iba y aún no habíamos podido subir. Acabamos por comportarnos como ellos y con empujones conseguimos llegar a nuestros asientos.
    Llegamos a Datong y nos alojamos en el hotel Datong.
 

Grutas de YungangDía 31. Datong.
    Datong alberga las segundas grutas budistas más importantes de China después de las de Mogao: las grutas de Yungang. Antes de visitarlas, intentamos conseguir billete de cama blanda para la noche, y vistas las dificultades y la experiencia de la tarde anterior optamos por que nos las sacara el hotel. Es lo mejor que se puede hacer, y aunque a veces llegan a cobrar mucho por la gestión, es uno de los dineros mejor gastados.
    Las grutas están a unos kilómetros de la ciudad, y aunque las de Mogao son mejores, se pueden visitar con completa libertad sin grutas cerradas y sin guía acompañante. Destacan más las esculturas, que aunque hay muchas en mal estado, aún quedan muchas dignas de ver. Las mejores grutas son la nº 5 con un Buda de 17 m de altura, la nº 6 y la nº 18.
    Por la tarde, visita al Monasterio Shanhua y el Muro de los 9 Dragones. Cenamos en un restaurante enfrente del hotel Yungang que parecía muy nuevo y donde los cocineros que trabajan a la vista del público son un espectáculo digno de ver. Casi disfrutamos más viendo desfilar a los camareros con los vistosos platos, que del sabrosísimo pato laqueado que nos sirvieron con gran ceremonia.

Ticket

 

Ciudad ProhibidaDía 32, 33 y 34. Beijing.
    A las seis de la mañana llegamos a Beijing estación Central, nos dirigimos al Hotel Hademen que habíamos reservado. Beijing es bastante más caro que donde venimos; el hotel cuesta 45 euros y son muy antipáticos. Tiene de bueno su excelente comunicación (a 20 minutos de Tiananmen y parada de metro en la puerta del mismo hotel).
    Nada más llegar apreciamos los grandes cambios que ha habido en esta ciudad desde 1986: no reconocemos nada. Después de tomar un café en el hotel, por cierto carísimo, nos dirigimos a la meca de todo viajero que llega a Beijing: la plaza de Tiananmen. La plaza está como siempre, llena de gente, pero el clima lo estropea, pues hay una densa niebla que impide la visibilidad. La ciudad es imposible de pasear, pues todo está lejísimos. Los viajeros que llegan por primera vez a esta ciudad descubren con estupor que un centímetro de plano equivale a un kilómetro. Recorriendo centímetros de plano, llegamos a la calle Wangfujing, que la han convertido en peatonal. Está todo lleno de tiendas, megacentros comerciales y restaurantes de comida rápida. Sufrimos una bajada de tono producida por el hambre y el poco descanso, y en contra de nuestros principios gastronómicos entramos en el lugar prohibido por los cánones culinarios de toda persona educada: un McDonalds. Con el sentimiento de culpa de quien ha cometido un pecado, disfrutamos de nuestro BigMac, rodeados de cientos de chinos chupándose los dedos.
Restaurante de la calle Qianmen    Como ya conocíamos la Gran Muralla del viaje anterior, visitamos algunos lugares que no conocíamos. El Beijing subterráneo es una construcción ideada durante la guerra fría, y consta de una red de túneles con hoteles, cines, tiendas... aunque localizar el punto de entrada lleva bastante tiempo, el lamaserío de Yong He Gong, el parque Beihai, los hutong del norte del lago, etc., aparte de "repasar" la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo.
    Como eran los últimos días, nos dedicamos a comer platos que no volveremos a probar en mucho tiempo: el pato laqueado en el célebre restaurante Quanjude, las torres de raviolis chinos al vapor, caldero mongol, etc.
 
 
 
 
 
 

Día 35. Beijing - Milán - Valencia.
    Estas últimas líneas ya son de puro trámite, pues ya se pude imaginar lo aburrido que es un viaje de vuelta de tantas horas. Mejor ni mencionarlo. Como anécdota, nos perdieron los equipajes.



BIBLIOGRAFÍA

Pedro Ceinos. China. La Guía de los Guías. Miraguano Ediciones, 2000.
D. Maitland y C. Taylor. China. La guía del buen viajero. Blume, 2000.
China. Lonely Planet.



ENLACES

Oficina de turismo de Hong Kong

http://asiatravel.com

http://www.chinesebusinessworld.com/hotel/city.htm

http://www.chinavista.com/home.html

http://www.chinaviva.com