En los materiales y dispositivos conductores, la propiedad principal para su diseño es la resistividad, o su inversa, la conductividad. Otras propiedades interesantes que completan el cuadro calificador de estos materiales se han visto ya, características resistentes, o aparecerán en los próximos capítulos: propiedades térmicas, ópticas y contra la degradación.
Las propiedades eléctricas de los metales tienen su origen en su microestructura cristalina y en su estructura electrónica asociada. Existen dos modelos físicos que tratan de justificar la conductividad de los metales: el clásico y el cuántico. Este último lo posponemos para la parte dedicada a semiconductores.
El modelo clásico, conocido también como modelo corpuscular, considera que los metales son sólidos cristalinos y ordenados, en los que los átomos están vibrando alrededor de ciertas posiciones espaciales, unidos por un gran colectivo de electrones de valencia que constituyen el gas electrónico, figura 8.2. Dichos electrones se mueven al azar, libremente por el interior de la red cristalina.

Figura 8.2. a) Celda unidad del cobre, y, b) esquema del enlace metálico según el modelo clásico. 
¿Que experiencia apoya el modelo corpuscular? La de emisión de rayos X, en su primera parte. Si sometemos un filamento de W, inmerso en una ampolla sellada al vacío, a una diferencia de potencial tal que haga pasar a su través una importante corriente eléc-trica, se calentará hasta incandescencia, produciendo una termoemisión de electro-nes, como muestra la figura 8.3. Estos electrones se aceleran al paso por una zona donde se aplica un campo eléctrico, E, adquiriendo una velocidad, v, directamente proporcional a E. Al impacto contra la superficie de un ánodo metálico: Cu, Mo, Pt..., éste emitirá un haz de RX.

Figura 8.3. Termoemisión de electrones y producción de rayos X por impacto de los primeros sobre un ánodo metálico.
El electrón de masa m (9,1·10-28 g) adquiere una cantidad de movimiento P = m·v y una energía cinética . El electrón posee una naturaleza corpuscular, con una masa m y una carga e comportándose de acuerdo a las leyes de la dinámica clásica.
Con este modelo corpuscular podemos justificar la conductividad de los metales. Supongamos que aplicamos un campo eléctrico E a una porción de material conductor, cobre por ejemplo. El gas electrónico, formado por partículas cargadas que hemos denominado electrones, se movilizará. La dinámica nos indica que el electrón es sometido a una fuerza F = m·a. En el caso anterior:

 

(8.1)

La velocidad del electrón, en función del tiempo t será:

 

(8.2)

La intensidad media, I, para un colectivo de N electrones que atraviesa una sección S vendrá dada por:

 

(8.3)

donde A es una constante y el producto E·t representa el potencial V asociado al campo eléctrico. La intensidad es lineal con el campo y el tiempo, y por tanto con dicho potencial. No observamos que aparezca magnitud alguna relacionada con la naturaleza del material, y que bajo esa hipótesis, la intensidad sería invariante para cualquier material.
Las experiencias llevadas a cabo por Ohm, demostraban que había una dependencia directa entre la corriente eléctrica que circula por un conductor, la diferencia de potencial y una característica intrínseca del material, llamada conductancia L y cuyo significado físico es el de "facilidad para el movimiento de los electrones en el interior del material". Comparando con 8.3 vemos que la constante A es precisamente la conductancia, o en la forma clásica de la ley de Ohm, la inversa de la resistencia eléctrica: 1/R.
Para diferentes conductores, todos ellos de longitud L y sección S, Ohm constató que la resistencia no era la misma, por lo que introdujo una magnitud intrínseca de cada material llamada resistividad, r, de manera que en su ley aparecía explicitada como:

 

(8.4)

en la en la que I es la corriente eléctrica y V la caída de potencial en el conductor de longitud L y sección S. Aparecen reflejadas distintas resistividades para diferentes metales. Para justificar la resistividad, establecemos previamente dos hipótesis:
1. Existencia de fuerzas de rozamiento que se oponen al movimiento de los electrones, limitadoras de su velocidad en el interior de la red cristalina.
2. Las fuerzas de rozamiento son de carácter intrínseco a la calidad de cada tipo de metal.