3.3. Determinación de indicadores magnéticos. La curva de histéresis
Para poder aplicar los materiales ferromagnéticos en ingeniería, es imprescindible poder cuantificar sus propiedades magnéticas. Por analogía con las propiedades mecánicas de los materiales, recordemos que en aquel caso nos interesaba conocer la respuesta tensión-deformación, dada por el ensayo de tracción. En este caso nos interesa en cambio conocer la respuesta imantación-excitación B-H, de la que obtendremos los valores de permeabilidad magnética del material y otros parámetros de interés asociados con la curva de histéresis magnética.
La obtención de curvas B-H puede realizarse con diferentes equipos, estando la realización de ensayos regulada por diferentes normas: UNE, ASTM. Un equipo habitualmente empleado es el magnetómetro de Kopsel.

3.3.1. RESPUESTA B-H DE LOS MATERIALES FERROMAGNETICOS
La figura 10.8 muestra la respuesta característica B-H de los materiales ferromagnéticos. Para el trazado de la curva B-H de imantación se parte inicialmente de una probeta desmagnetizada -esto es, con sus dominios magnéticos orientados al azar y equilibrados, de forma que globalmente dan momento nulo- del material a ensayar, que se coloca en el magnetómetro.
Una vez montada se aplican excitaciones H crecientes mediante el incremento de la intensidad I que circula por una bobina excitadora. Para cada valor de I, el valor de la excitación H viene dado por la ecuación fundamental 10.1, H = N·I/l.
Registrando para cada valor de H el valor obtenido de B, los valores de permeabilidad magnética se obtienen en cada punto mediante la ecuación 10.3.
m = B/H (10.8)
El incremento observado en B se debe a que, conforme H aumenta, los dominios magnéticos, cuyos momentos se encuentran inicialmente orientados en direcciones similares y del mismo sentido que H, crecen a expensas de los menos favorablemente orientados.
Este crecimiento tiene lugar inicialmente por el movimiento de las paredes del dominio. Si H sigue aumentado tiene lugar finalmente una rotación de los dominios no orientados favorablemente, hasta que todos ellos se colocan paralelos a H y con la misma dirección de sus momentos magnéticos. Cuando esto ocurre, M es máxima: todos los dipolos posibles del material están contribuyendo a la magnetización. Aunque H siga aumentando, B solo crecerá debido a la permeabilidad del vacío 0. Se dice que el material está saturado y al valor máximo de inducción Bs, característico de cada material, se denomina inducción de saturación Bs.
Nótese que en los materiales ferromagnéticos, la permeabilidad no presenta un valor constante, sino que varía conforme aumenta la excitación H aplicada, tal como se ve en la figura 10.8.
Figura 10.8. Respuesta B-H de un ferromagnético y movimientos de dominios. Se define la permeabilidad inicial y la permeabilidad máxima.

Cuando el material está saturado se verifica, de acuerdo con la ecuación 10.5 anterior:
Bs = m0 (H + Ms) (10.9)
El valor de H suele ser despreciable frente a Ms, por lo que:
Bs = m0 Ms (10.10)
La saturación magnética se alcanza cuando todos los dipolos magnéticos de todos los dominios se alinean con la dirección del campo H aplicado.
Si una vez alcanzada la inducción de saturación se elimina gradualmente el campo H aplicado, tal como se muestra en la figura 10.8 anterior, se observa que la curva B-H sigue una trayectoria distinta de la original. Cuando H vuelve al valor H = 0, persiste en el material una inducción remanente, Br. Ello se debe a que no se reorientan al azar todos los dominios originales, quedando algunos de ellos quedan orientados en la dirección de H.
Para contrarrestar completamente el campo proporcionado por estos dominios y conseguir un valor de inducción nulo B = 0, es necesario aplicar un campo H en sentido contrario, cuyo valor, Hc, se denomina fuerza coercitiva.
Si H sigue aumentando en sentido negativo, se alcanza de nuevo la saturación, para un valor de inducción igual a Bs pero de sentido contrario -Bs.
A partir de este punto, si H comienza a aumentar hacia valores positivos, la curva B-H describe una trayectoria simétrica hasta alcanzar de nuevo el valor de Bs inicial. La curva así obtenida se denomina curva de histéresis magnética, y como hemos visto, resulta de la contribución a la magnetización producida por los dominios elementales del material.
La curva de histéresis de un material ferromagnético resulta de la contribución a la magnetización producida por los dominios elementales del material.
El área encerrada por la curva tiene unidades de energía. La histéresis observada se debe, precisamente, al hecho de que para imantar y desimantar un material es necesario mover paredes de Bloch y rotar dominios, y ello exige proporcionar una cierta energía al material.
Las unidades para esta energía en el sistema internacional son, expresando B en Teslas (Wb/m2 = V·s/m2) y H en A/m, (B·H) =[V·s·m-2]·[A·m-1] = Julios/m3.
La energía necesaria para hacer crecer y rotar los dominios en un ciclo completo es precisamente el área encerrada por la curva, y su valor se conoce como energía de histéresis Wh.
La curva de histéresis proporciona indicadores básicos del comportamiento magnético, característicos de cada material:
Permeabilidad m
Inducción de saturación Bs
Inducción remanente Br
Fuerza coercitiva Hc
Energía de histéresis Wh

3.3.2. EFECTOS DE LA TEMPERATURA. TEMPERATURA DE CURIE
Si se obtiene la curva de histéresis B-H a diferentes temperaturas, se observa un comportamiento similar al mostrado por la figura 10.9. Conforme la temperatura aumenta, disminuye Ms y Bs, hasta que por encima de una temperatura crítica el material deja de mostrar comportamiento ferromagnético y se convierte en paramagnético.
Figura 10.9. Efecto de la Temperatura en la curva de histéresis y Ms de un material ferromagnético.

Los aumentos de temperatura provocan, por efecto de la agitación térmica, que los dipolos elementales no puedan alinearse de forma perfectamente paralela. Por encima de una temperatura crítica, conocida como Temperatura de Curie, característica de cada material, el alineamiento paralelo de espines desaparece y también desaparecen los dominios magnéticos. El ferromagnetismo desaparece y el material se comporta como si fuese paramagnético. Al enfriar el material por debajo de la temperatura de Curie aparecen de nuevo los dominios y el material se comporta de nuevo como ferromagnético.
La temperatura de Curie de los metales ferromagnéticos Fe, Co y Ni son, respectivamente: 770, 1123 y 358°C.
La agitación térmica provocada por la elevación de temperatura dificulta el alineamiento de los momentos magnéticos elementales.
Por encima de la temperatura de Curie, característica para cada material, el comportamiento ferromagnético desaparece.

3.3.3. EFECTOS DE LA ORIENTACIÓN CRISTALINA. ANISOTROPÍA.
Al igual que ocurría con las propiedades mecánicas, la facilidad para magnetizarse y desmagnetizarse en los imanes varía con la dirección cristalina considerada. La figura 10.10 muestra las curvas de imantación resultantes obtenidas en muestras monocristalinas de hierro y de níquel. Para el hierro, la dirección de más fácil magnetización es la (100) y la más difícil la (111). Lo contrario ocurre en el caso del níquel, para el cual la dirección fácil es la (111) y la más dura o difícil la (100).
Figura 10.10. Anisotropía magnética para el hierro y níquel.

En los materiales policristalinos, los granos cuya dirección fácil coincida con el campo aplicado H alcanzarán antes la saturación, mientras que las partículas con direcciones duras paralelas al campo presentan una permeabilidad menor y requieren de excitaciones H más intensas para lograr la rotación de sus dominios. Resulta obvio, por tanto, que la presencia en el material policristalino de una textura preferente con una gran densidad de monocristales con direcciones de fácil magnetización paralelas a H da lugar a mayores valores de permeabilidad y menores fuerzas coercitivas.
La permeabilidad magnética de los materiales cristalinos varía según la dirección cristalina considerada.
Para el hierro, la dirección de más fácil magnetización es la <100> y la más difícil la <111>. Lo contrario ocurre en el caso del níquel, para el cual la dirección fácil es la <111> y la más dura o difícil la <100>.
La obtención de chapas con texturas de recocido adecuadas -gran densidad de cristales orientados con la dirección de fácil magnetización paralela a la dirección de laminación- permite optimizar la respuesta magnética de los materiales industriales policristalinos.